domingo, 25 de mayo de 2014

LA CENSURA EN LA LITERATURA




Debo reconocerlo, soy un censurador. He censurado y seguiré haciéndolo probablemente siempre. Como Jefe de biblioteca, muchas veces debí decidir (razones de espacio me obligaron) qué libro quedaba en la estantería abierta al público y qué libro dejábamos guardado, a mis hijos les escondí algunos libros que no me pareció prudente que vieran o leyeran todavía, como mediador he llegado a declarar que no promoveré la lectura de ese u otro libro porque me parece que presentan estereotipos que no comparto o simplemente por encontrarlos fomes. Igual planteamiento he tenido como profesor frente a la lectura complementaria y, la verdad sea dicha, no me avergüenzo.

Las censuras a la que he hecho referencia deben ser los últimos eslabones de una gran cadena que comienza con la autocensura que, a veces, debe sufrir algún escritor frente a temas que le compliquen de alguna manera y continúa con forma institucional -la más reconocida- ejercida por las autoridades políticas, influidas por sus propias motivaciones o por los grupos de poder a los que se debe (sobre todo instituciones religiosas) Sin embargo la censura no se detiene ahí, está la censura que ejercen (legítimamente o no, eso hay que discutirlo) las editoriales cuando deciden publicar o no determinados libros que, finalmente también se verán sometidos a la decisión de las librerías de venderlos o no.

Así las cosas, un texto de literatura infantil (porque todo lo mencionado antes se  aplica también a esta literatura) se enfrenta a una gran cantidad de trabas para poder circular libremente, Sin embargo las renuncias (o censuras) que tienen que ver con decisiones individuales son casi inevitables y, creo que no sólo son legítimas sino que tienen que ver con las subjetividades propias. Pero la censura institucional es la más terrible y vergonzosa  puesto que supone un abuso desde la estructura del poder y la intención de imponer una determinada visión ideológica. Esta Censura nunca es inocente ni “lesa”, responde siempre a una organizada estructura que tiene por misión “salvaguardar” intereses superiores (a la libertad de opinión, de prensa, del conocimiento, se puede suponer) No tengo registros de que se haya confeccionado alguna lista de libros prohibidos ya publicados pero, durante la última dictadura militar en Chile, se aplicó la censura a través de DINACOS (Dirección Nacional de Comunicación Social) que implicaba la revisión previa de cualquier texto que pretendiera imprimirse para circular en el territorio nacional. Lo que había sido impreso antes del golpe de estado simplemente fue sometido a la hoguera. Distinto fue el caso en Argentina donde derechamente (nunca mejor usado el adjetivo) hubo libros ya impresos que fueron prohibidos luego de un detallado análisis efectuado por comisiones establecidas para tal efecto. Las razones aludían a que en ellos se entregaban visiones distorsionadas de la familia, de las relaciones sociales o, incluso, que servían de pre adoctrinamiento para subversivos.



LA CENSURA NO EXISTE, MI AMOR



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